Actividad 1
Marca cuál es una lista.
- Jabón
- Avena
- Jugo
- Café
- Pollo
- Coco
- Azúcar
- Queso
- Yogurt
- Galletas
- Casabe
- Leche
- Pan
El cambio climático afecta a las lombrices
Según la ciencia, el aumento de las lluvias y la temperatura puede afectar a las lombrices de tierra. La actividad de estas lombrices en la tierra es fundamental para las cosechas.

Las lombrices de tierra tienen un papel importante en el abono de la tierra. Gracias a ellas podemos conseguir suelos fértiles para cultivar vegetales, plantas y flores.
Una de las funciones de las lombrices es hacer tierra abonada, es decir, buena tierra para los cultivos. Las lombrices mezclan los componentes minerales y orgánicos del suelo, y por eso los nutrientes llegan con más facilidad a las plantas. Cuando las lombrices cavan sus largas galerías o túneles bajo la tierra, hacen que el suelo retenga mejor el agua y favorecen el crecimiento de las semillas.
Actualmente, las investigaciones señalan que las comunidades de lombrices están disminuyendo en las regiones tropicales a causa del cambio climático. Si se siguen perdiendo lombrices, se perderá su aporte importante para los suelos y, además, afectará también a los insectos y las plantas.
Fuente: Revista Science - Diciembre de 2019
En los volcanes
Adaptación del libro Cuentos de la nana Lupe, de Pedro Henríquez Ureña.
Había una vez, en un pueblecito, una familia que tenía dos niños. El papá se llamaba don Nacho; la mamá doña María. El niño de nueve años se llamaba Nachito y su hermanita, de ocho años, llevaba por nombre Mariquita. A Nachito y Mariquita les gustaban los dulces más que las frutas de su huerto. También les gustaba irse a pasear lejos de la casa.
Un día fueron a tumbar mangos. Entonces, oyeron una carcajada que venía de adentro del árbol de mango, y de pronto vieron caer a su lado dos frutos bien maduros. Se pusieron a mirar bien al árbol y vieron una cosa que nunca habían visto. Y lo que vieron fue la figura pequeñita de un duende que se movía entre las ramas. Al ver a los hermanitos azorados, el duende saltó de entre el follaje, riéndose. Era un hombrecito no más alto que un gallo; con una barba blanca que le llegaba hasta la cintura, pero con la cara rosada y fresca, los ojos azules, y todo él muy rápido de movimientos. Iba vestido de blanco, con un capuchón en la cabeza.
¿Quién es usted? preguntó al fin Mariquita.
Yo soy Yo.
¿Y no tiene nombre?
¿Yo? Me llamo don Yo.
Pero yo he oído a mi papá decir que él se llama así también.
¡Cuentos! Tu papá se llama don Nacho.
¡Ay, es verdad!, así le dice la gente.
